La herencia académica de Luka Brajnović

La persona, la vida y la figura de Luka Brajnovic son muy ricas. Ha sido periodista, escritor, detenido en un campo de concentración, condenado a muerte y fugitivo, exiliado, corrector de pruebas de imprenta, profesor universitario de la primera Facultad de comunicación europea, traductor de dos obras de la literatura universal al croata, su lengua nativa –específicamente la Biblia y Camino de san Josemaría Escrivá, una de las obras de la literatura cristiana más importantes del siglo XX-, poeta…y, habría que añadir, ha sido ejemplar padre de familia y cristiano cabal, al ciento por ciento.

De las numerosas facetas de esa rica personalidad, es de justicia que me ocupe de una sola, de su obra académica. Dirigió mi tesis de doctorado. He sido su colaborador durante diez años en la cátedra de Etica y Deontología Periodística en la Universidad de Navarra (1981-1991). Ha sido mi maestro universitario. He sido testigo indirectamente de muchas de esas otras dimensiones del rico poliedro, porque he tenido la fortuna de ser su amigo y, por ello, asomarme un poco a la intimidad de su vida. Sigue siendo para mí, sobre todo, maestro de vida.

Empezó enseñando “Sociología de la Información” y “Relaciones Públicas” en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Navarra (España), en sustitución de Anton Wurster, otro croata exiliado en ese país. Después enseñó “Tecnología de la Información”, “Literatura Universal” y “Ética de la Información”.

De su obra docente han quedado: El lenguaje de las ciencias (1967), un manual de Tecnología de la información (1967, 1979), que es hoy ya inevitablemente una pieza de archivo como son una pieza de museo los tipos móviles, el plomo, las galeradas y casi casi las rotativas; Grandes figuras de la Literatura Universal (1973), un libro que tuvo varias ediciones y que ha sido recientemente reeditado-, Literatura de la Revolución bolchevique (1975) y Deontología Periodística (1973, 1978), un manual de ética periodística que ha contribuido a formar el juicio ético de generaciones de periodistas en España y América Latina y que no ha envejecido, a diferencia de los demás tratados de su género que yo conozco. Además, ha quedado una obra de epistemología de la información que no tramontará, El ámbito científico de la información (1979), fruto de su preocupación por dar un estatuto académico científico a los apenas nacidos estudios universitarios de periodismo, estatuto del que no gozaban en su época.

Como discípulo suyo en la cátedra de Ética de la Información Periodística, me centraré en su contribución a esta disciplina. Para ello presentaré una síntesis su manual de Deontología Periodística y de las ideas que lo vertebran.

El libro afronta temas centrales de la profesión periodística como son: la relación periodismo-sociedad, los derechos y deberes del periodista – deber de veracidad, de documentación, secreto profesional, cláusula de conciencia, deber de rectificación-, el sensacionalismo, la especialización, etc. Particular interés tiene la caracterización que Brajnovic efectúa del periodismo activo –único digno del nombre de periodismo- en relación a un sucedáneo de éste, el periodismo pasivo. La parte relativa a los Códigos de ética profesional, como es lógico, necesita una actualización, pues se basa en aquellos que estaban vigentes en su época. Queda, en cambio, el mérito de la selección de los valores y deberes profesionales, lo que llama su autor el “denominador común”, que siguen siendo actuales aunque formulados en nuevas versiones.

El primer capítulo de la Deontología Periodística, una síntesis de nociones de Ética General, se vio obligado a introducirlo el autor en la segunda edición y definitiva (1978) en vista de la ignorancia de esa disciplina que ya se iba generalizando en ese periodo. Resta una buena síntesis de filosofía moral clásica, que hoy habría que actualizarla sobre todo en el lenguaje y en la explicación de algunos conceptos básicos de la filosofía moral, pues la ignorancia ha aumentado.

Esta obra de Brajnovic manifiesta el buen juicio moral del autor, una experiencia viva y honrada de la profesión, vista como un servicio a la sociedad, y una extraordinaria claridad conceptual. Como ha dicho Eleonora Bianchi, “ha puesto las bases para las sucesivas investigaciones, en particular sobre la documentación y el carácter científico de la información, desarrolladas por alumnos y seguidores de Brajnovic, como Galdón y otros que han estudiado o trabajado en colaboración con la Universidad donde Brajnovic enseñó en Pamplona” (Bianchi, 2001)

La mejor aportación de Luka Brajnovic a la disciplina de la Ética del periodismo es, a mi juicio, el conjunto de criterios y principios que la definen, y que los resumiré en forma de enunciados –enunciados cuyo desarrollo me llevaría…un curso de Ética profesional- y que son éstos:

  1. La verdad -dicho con categorías aristotélicas- es la causa material de la información; es decir, una “información” falsa no es verdadera información. Y la sentencia no es una tautología o un juego de palabras. Por decirlo en términos de la filosofía del lenguaje más reputada hoy -la filosofía analítica y la pragmática del discurso- quienes establecen una comunicación por medio de un discurso informativo tienen unas expectativas pragmáticas de verdad referencial. O sea, una información falsa es un contrasentido, no es como una mercancía averiada o caducada, es un veneno. No mata el cuerpo, pero mata el espíritu. La comunicación de la mentira crea una “comunión en el error”, es decir un monstruo social.
  2. La profesión periodística es una vocación, como los es toda profesión en la medida que sirve al bien común. Lo que legitima socialmente al periodismo es su servicio a la sociedad, no al poder o al dinero o a otros fines que, eventualmente, pueda procurar. Hay muchos modos legítimos de hacer dinero o de obtener poder. Quien pone el periodismo a su servicio no hace ya periodismo, hace otra cosa: el publicitario, el propagandista o el lobista, profesiones todas ellas legítimas en sí mismas. Si disfrazadas, en cambio, de periodismo, tiene un nombre menos digno: mercenario. Desde luego, quien corrompe la actividad periodística con su inmoralidad profesional no es un verdadero profesional. Solo hablamos de “profesionales” del robo en sentido figurado, metafórico, para connotar su “competencia técnica” como ladrones.
  3. La Ética periodística, como la Ética general, es una teoría de la virtud más que una ciencia de la regla justa. Los códigos, así como las leyes, señalan comportamientos mínimos indeclinables o exigibles, es decir su valor –cuando lo tienen- expresan virtudes que el sujeto debe incorporar como actitudes personales y no como reglas que se cumplen externamente por miedo a la sanción o por “legalismo”. Mentir es unívoco, decir la verdad tiene muchas formas y exigencias solo modulables a través del juicio de la conciencia. Esto apunta al papel insustituible de la conciencia en toda profesión, con mayor motivo en el periodismo por su función social.
  4. No hay una doble conciencia, la conciencia del ciudadano o de la persona, por una parte, y la conciencia profesional, por otra. Hay una sola conciencia, que es la de la persona que actúa como profesional, hic et nunc. Por eso los conflictos son solo conflictos “aparentes”, es decir en la perspectiva analítica de quien mira desde fuera la decisión. En el juicio singular de la persona, que es a la vez persona, ciudadano y profesional, es donde se encuentra la solución al conflicto, la que “hay que tomar” guiados por la prudencia que ayuda a decidir cuál es nuestro deber en esa precisa circunstancia. Obrar así nos hace virtuosos, es decir mejores profesionales, o viciosos, o sea peores profesionales. Ocultar una información debida por cobardía, por ejemplo, es una ocultación dañosa; omitir por ignorancia una información es debilidad, culpable o no, pero siempre es una deficiencia. Obstinarse en la ignorancia por pereza o por prejuicio es ir para atrás en el camino de mejora profesional, camino que resta siempre abierto.
  5. Por último, la Ética y el Derecho se distinguen. Hay una autonomía del Derecho frente a la Ética, autonomía que no es lo mismo que su presunta independencia de la Moral. Es esa autonomía la que impide el “moralismo” en sus diversos vestidos: positivismo, buenismo…y totalitarismo bien intencionado –todos los totalitarismos son inicialmente bien intencionados. Al Derecho, a la ley jurídica, no le interesa la intención con que nos atenemos a la regla, sino su cumplimiento, so pena de sanción. A la ley moral le importa muy mucho la intención, tanto que la acción cambia si la intención es otra de lo que aparece. Una exhaustiva “información” sobre un nuevo smarthphone de prestaciones estupendas para los clientes puede ser en realidad publicidad encubierta. Difícilmente un tribunal condenará a un periodista por ese soborno, un colegio profesional debería echarlo del Orden de periodistas… si alguien lo denunciase.

Concluyo. Cuando escribió, ya casi al final de su carrera académica, “El relato del sexto periodista” -una conferencia magistral que debería traducirse en croata- estaba dibujando, sin saberlo y sin pensar en sí mismo, su propio perfil. Luka Brajnovic estudió y trató de estos principios, conceptos y criterios sobre el buen profesional en sus libros. Pero los aprendió en la vida y los trasmitió con su vida. Basta leer Despedidas y encuentros. Memoria de la guerra y del exilio para percibirlo. Pero no los vivió solo en circunstancias dramáticas, como las que se recogen en buena parte de esas memorias. Las vivió en la vida ordinaria, también académica. Y de eso soy testigo fiel. Por ello le estoy muy agradecido. Le estoy cada vez más agradecido, a él y a Dios que lo puso en mi camino.

Hay unos versos de un poema suyo en Ex Ponto, “Ando por tu camino”, que tienen otro sujeto. Pero, por ser la poesía universal –si es verdadera poesía- puedo actualizarlos:

“Pero un día llegó el día

Y apareciste a mi lado casi desconocido.

Nos saludamos como los viejos amigos,

Porque te vi antes en alguna de las encrucijadas, cuando yo buscaba el camino.

Ahora, pese a tu marcha de este hogar fugaz,

Andamos juntos este último tramo mío”.

Norberto González Gaitano

Profesor Ordinario de Opinión Pública en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma

Antiguo alumno de Luka Brajnović y ayudante en su cátedra de Deontología Periodística durante 10 años