Una comisión de la Agencia de la ONU para los Refugiados llegó al campo de Fermo en el que estaba Luka Brajnović, el 24 de marzo de 1946 para hacerse cargo de su administración, hasta entonces en manos de las tropas inglesas.

Los más politizados de los internos la recibió con desconfianza:

La gente se asustó y se escondió en sus ratoneras para pasar desapercibidos, haciéndose más pequeños que semillas de amapolas, porque no sabían en un primer momento de qué se trataba. Tienen miedo de perder incluso esta apariencia de libertad… Mejor. Por lo menos podremos respirar durante algunos días un aire más limpio.

Los funcionarios de la ONU hicieron su propio registro de los internos, así que todos tuvieron que pasar de nuevo  por un interrogatorio.

Naturalmente, además de las habituales generalidades preguntan sobre la actividad de cada uno y muchos se niegan a si mismos y supongo que a sus “principios” e “ideologías”.

Luka , sin embargo, se lo tomó con toda tranquilidad. No tenía nada que ocultar.

Yo ya había decidido que iba a responder a todas las preguntas que me hicieran con exactitud. Y así fue. Quizá por eso fui probablemente el que estuvo más tiempo en el interrogatorio. Les dije con toda sinceridad dónde estuve y qué fui entre 1939 y 1945. No me planteo si eso me va a perjudicar o – para decirlo mejor – si le va a perjudicar a mi querida Ana. Tengo la conciencia limpia. Se que nadie puede reprocharme nada.

Entre otras preguntas, se interesaron sobre a dónde pensaba ir cuando saliera del campo de refugiados.

Les he dicho que mi vida está allí donde está mi familia y por eso no me importa a dónde iré ni cómo. Así lo pienso, lo siento y lo deseo.

Desde Roma, tanto su cuñado, Pablo Tijan, como su amigo, el padre Bonifacio Perović, le recomendaban que aprovechase una de las becas que ofrecía la Acción Católica para trasladarse a España, porque desde allí podría hacer con más facilidad las gestiones para intentar sacar a Ana y a su hija de Croacia. Pero Luka se resistía a abandonar Italia y alejarse de su país.

¡Oh esa España!  Ese viaje representa para mi la tristeza de un eterno vagar que golpeará en el corazón de mi madre, de mi mujer y el mío. Busco un milagro, pero no lo veré. Me gustaría que se me abrieran los ojos para poder ver el camino que debo tomar. Y todo a mi alrededor es oscuridad. Todo, la tristeza de la separación.

De momento decidió escribir a sus amigos y decirles lo que pensaba: que ir a España solo le alejaba más de Ana y Elica y de su objetivo de reunir a su familia.

 

 

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