Enero de 1946. Habían pasado ya ocho meses desde que Luka Brajnović y su esposa Ana Tijan se dijeron adiós apresuradamente en Zagreb y al campo de refugiados de Fermo no llegaba ninguna noticia directa de Ana. Los compañeros de campo de Luka estaban recibiendo cartas de sus familiares y amigos y él, a pesar de las cartas y notas que había enviado a Zagreb por vías indirectas, ni una letra. Estaba seriamente preocupado. Los intermediarios le aseguraban que sus notas habían llegado a su destino, pero sus planes para sacar a Ana y a la niña de Yugoslavia legalmente se habían chocado con un muro. Un familiar de Luka que vivía en Istria, un tal Dr. Dabinović, que debía reclamarla para que cruzara la frontera a territorio italiano, se negaba a ayudar porque lo consideraba demasiado peligroso. Luka Poduja, el intermediario que le estaba ayudando en todas estas gestiones le decía que no había esperanza por ese lado.

No hay esperanza, no hay esperanza… Eso me repiten todos, eso me repite mi corazón … Y yo cada día vivo tan intensamente con la esperanza. Ahora esto: no hay esperanza. Nunca podré ni por un momento olvidar mi única felicidad. Nunca podré ni por un momento apartar de la mente y del corazón mi más bello y único pensamiento: mi Ana y la niña.

El 7 de febrero de 1946, a nueve meses de la despedida,  anota que le han comunicado que la señora que llevaba en mano una de sus cartas con un poco de dinero para Ana había llegado felizmente a su destino.

Eso quiere decir que Ana podría recibirla. ¿Tendré al menos esta vez una respuesta?

El 14 de febrero se le ofrece otra posibilidad de hacerle llegar una carta a Ana a través de un intermediario que enseguida aprovecha. El intermediario le asegura que las misivas llegan y que en un mes recibirá una contestación. Además, Luka vuelve a escribir a su pariente de Istria para pedirle que intervenga en favor de su mujer, todo en vano. Cuando de repente:

Primer día brillante. – escribe Luka el 19 de marzo – ¿Es esto un destello de alegría y la sonrisa de un hombre cansado o el comienzo de la reanudación de la felicidad, la escalera por la que que entramos en la vida?.  Ha pasado un período, llega otro … ¿más difícil o más benigno?  ¿Qué importa el consistorio de los cardenales, la cuestión española, el Semanario Croata, los excedentes y los déficits. Hay algo mucho más grande… Ana me ha escrito… estoy como loco con las  primeras impresiones tan poderosas moviéndose en mi mente; Feliz y triste, entusiasmado y preocupado. Pero sobre todo eso está el hecho: ¡Ana me ha escrito!

Por fin se había cumplido el deseo por el que tanto había suspirado y hasta derramado lágrimas en soledad: Una prueba directa de que Ana estaba viva y sana y la niña con ella.

Tu estás viva. La niña señala mi foto y dice: papá. Balbucea, camina… es un encanto nuestra chiquilla y muy lista ¿verdad?. Tu piensas en mi, hablas de mí sufres conmigo… Gracias, amada mía.

Luka dice que la carta es como el sol que ilumina el mar de su dolor. Le llena de la ansiada luz, pero también le hace ver mejor la crudeza de la situación.

Tu estás lejos, Ana, esposa mía, lejos de mí. Nuestra felicidad se encuentra a mitad de camino, en algún lugar entre donde estás tú y donde estoy yo. Penetro en tu soledad como en el santo de los santos, veo tu dolor mejor de lo que hasta ahora lo había apreciado y siento como nada, nada, ni siquiera tu propia carta pueden sustituirte, amada mía. Me preguntas si volveré para Pascua. No podré, Ana. El odio es más fuerte que todos mis deseos, más profundo que todas mis lágrimas.

En la carta, Ana le dice a Luka que la pequeña elica es más guapa de lo que aparece en las fotos, pero Luka no recibió ninguna foto y eso le preocupa porque no sabe quién ha podido abrir el sobre antes de que llegara a su destino.

Querida Ana, perdona, perdona que sienta tanta felicidad de saber que no estoy solo. Tu has hecho que por un momento me olvidara del doloroso y desconocido futuro que tenemos por delante. Hoy he llorado mucho y he reído mucho. Llevaba el alma en los ojos.

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