Es 18 de octubre, fiesta de san Lucas, el santo de mi padre, Luka Brajnović, a quien está dedicado este blog. Me hubiera gustado regalarle algo especial desde estas páginas del ciberespacio en esta fecha señalada. Pero la vida misma a veces se interpone a los deseos con tozudez. Son las once y media de la noche. Mi madre duerme en una cama de hospital. Lo he intentado, pero no he podido escribir estos días.

Ahora que ha caído la noche y la jornada se agota, me asomo rápidamente para no faltar a la cita.Y lo hago reproduciendo un poema publicado en “Retorno” en el que Luka Brajnović se refiere a la huida de su Kotor natal en 1941. La ciudad estaba ocupada por los fascistas italianos que le apresaron, pero él logró escapar.

Apagar las estrellas

Hemos perdido el paisaje donde todo era pastoso:

el amor, el verano y el vino

y donde las orillas cargadas de plata vieja y de olivos

se desnudaban y vestían de verde oscuro,

cuando yo me fui.

 

Las velas ennegrecidas imitaban las torres

de las iglesias calladas

en medio de los pórticos de mi bahía antigua,

hundida entre las montañas.

En los cipreses caía la paz de mediodía

y los gatos perezosos andaban por el palmo de la sombra,

junto a los muros de las casas de piedra,

cuando yo me fui para siempre.

 

¿Quién nos devolverá la sonrisa

desaparecida entre las migas perdidas

en la compasión orgullosa?

Tenemos los insultos enredados en las venas

y cuando todo calla,

nosotros gritamos hasta apagar las estrellas,

drogados del sabor de las ofensas

y de su color de noches cerradas

 

No nos queda nada más y nada menos

que soñar con el ayer y vivir con la mañana

solos.

Como vagabundos que nada necesitan

y regalan todo, no teniendo nada.

    Luka Brajnović