[ctt tweet=”El mismo día me envían a un campo de concentración.” coverup=”FccVN”]

Mi condición de prisionero fue tan solo uno de los innumerables episodios de  historias personales que escribió la guerra sembrando no sólo la muerte sino también el fanatismo ideológico y la intolerancia brutal. Pero fue un episodio nada corriente, aunque, por otro lado, tampoco muy especial, si se tienen en cuenta las espantosas vivencias y tragedias de los campos de concentración nazis y soviéticos, de los monstruosos bombardeos alemanes y aliados y de las bestialidades cometidas en todos los frentes  y en todas las invasiones.

De esta manera Luka Brajnović pone en perspectiva sus vivencias en un libro inédito titulado “Gloria y Tragedia del Mediterráneo.”

Después de la dura caminata por la región de los lagos de Plitvice, que relato en la entrada “sufrimiento y belleza”,  Luka llegó agotado a lo que los guerrilleros que le tenían prisionero llamaban el estado mayor de Croacia. Según relata en su diario, estuvo allí ocho días, durante los cuales fue sometido a duros interrogatorios. Los jefes de la guerrilla querían que se quedara a trabajar como periodista para la “Agiprop”,  (organización de agitación y propaganda comunista). Pretendían que llevase un programa de radio y que dijese en él que se había unido voluntariamente a la causa.  Cuando no le interrogaban, le daban panfletos comunistas para que los leyera, con el fin de que se fuera empapando de su ideología.

En alguna ocasión, los interrogatorios terminaban en tortura, sobre todo cuando intervenía una mujer llamada Vesna especialmente dura con él.

Después de varios días sin avanzar en ningún sentido, el jefe del cuartel general, a quien apodaban “el Viejo”, y que Luka dice que era  “simpático”, le llevó un día a dar un paseo junto con el comisario del cuartel.

Me extrañó esa amabilidad, pero enseguida me di cuenta de qué se trataba. El Viejo pretendía convencerme de que yo me quedara voluntariamente.  (…) Pero yo no podía dar mi consentimiento contra mi conciencia. (…) Los que no han tenido otro remedio que echarse al bosque no entienden lo duro que es dejar atrás todo lo propio como pretenden y además para hacer algo contra la propia conciencia.  Me promete que él mismo se ocupará de traer a Ana a donde yo esté, pero con eso no resuelve el problema sino que lo agrava…

Luka se volvió a negar apelando a su conciencia y pagó las consecuencias.

El mismo día me envían a un campo de concentración. (…) Quién sabe qué me espera ahí.

Le aguardaban meses muy duros, que sobrevivió a duras penas y sobre los que escribe en sus diarios y en su libro “Despedidas y Encuentros”.

La vida del jefe comunista que le interrogó,  tampoco estaba destinada a ser fácil. Aunque acabó la guerra con los vencedores, tuvo que sufrir en sus carnes las paranoias del régimen, una vez establecido en la nueva Yugoslavia. Años después fue víctima de una depuración y terminó en la temible prisión de Goli Otok (Isla Desnuda) hoy abandonada, que es la que aparece en la imagen.