El cañón de un fusil apunta directamente a mi cabeza.

Luka Brajnović relata así en su diario cómo se vio entre la vida y la muerte durante el asalto al tren en el que viajaba en marzo de 1943 cuando se produjo un fuego cruzado entre la guerrilla comunista y fuerzas italianas en Croacia central. Él había salido del tren y se había refugiado en una zanja, cuando le encañonaron y le obligaron a alejarse de las vías hacia la montaña, donde estaban emboscados los guerrilleros, exponiéndose así al tiroteo.

-“Huye” me grita el de la ventanilla. Yo me levanto dominado por una extraña sensación de indiferencia. ¿Acaso puedo esperar algo peor que la muerte? Matarán mi cuerpo, pero tengo la seguridad de que no matarán mi alma. (…) Salgo, más bien corro, tras los otros. Tengo la sensación de que avanzo cruzando una lluvia de proyectiles, pero no siento miedo a su poder letal. A mi alrededor caen y yo estoy seguro de que a mí también me espera el “destino” de caer. En mi alma hay paz. La eternidad está tan cerca…

El relato continúa explicando la dureza de la situación, su intento fallido de escapar, y los sentimientos que le provoca la  proximidad de la muerte

Las balas pasan silbando por todas partes. ¿En qué dirección voy? No lo se. Un terreno desnudo en pendiente se extiende alrededor hasta donde alcanza la vista. Pobreza y abandono. Una quebrada rocosa, una colina, y luego otra quebrada, y después otra colina… Varias veces intento esconderme en un seto, pero siempre me descubren.  Rezo al Inmaculado Corazón de María y estoy enteramente tranquilo. Estoy seguro de lo que me espera. La muerte.

En mi alma se abre un nuevo mundo. Un mundo que nace eternamente, que en realidad resucita eternamente. ¿Es esto el umbral de la eternidad?.  Así lo siento, porque mis recuerdos silenciosamente se desvanecen. En mi, prevalece el espíritu. Soy capaz de pensar de una manera más intensa y lógica que nunca hasta ahora, pero no siento ni dolor, ni tristeza, ni miedo, ni cansancio. Sólo deseo que mi alma esté limpia y que el sacrificio, del que soy consciente, sea un aval, al menos un mínimo aval, para mi salvación.

Luka tenía una profunda fe y la conciencia tranquila. Sólo así podía sentir esa paz interior que describe en una situación de peligro de muerte inminente. En otras situaciones en las que la muerte se le presentó de cara, reaccionó con la misma serenidad.